Se nos muere el amor, se nos mueren las ganas

amor-odio

Después de un rápido baño, mis pensamientos gritan un pedacito de la canción de Ricardo Arjona “se nos muere el amor, se nos mueren las ganas”,  y me dedique a escuchar atentamente los que aquellos desesperadamente decían. ¿Y es que acaso el amor no puede durar toda la vida?,  ¿o es que nosotros no podemos hacerlo durar?, me preguntaba mientras tanto. Arjona, de otra forma, se pregunta lo mismo “Ay amor tan ingrato quitame solo una duda, si eres tu el que te mueres, o soy yo el que te mato”.

Es que el amor está allí, dispuesto para que el ser humano le de sentido y valor, le dé significado, forma y contenido. Pienso, el amor no es nada si los seres humanos no lo sienten, ni lo viven, ni lo comparten. El amor es como una fuerza que hace parte de la naturaleza y del mundo, y solo cobra vida cuando se transfiere a las personas. Así, los hombres sin amor están vacíos y el amor no sería mucho, pero en el hombre gana vida y dinamismo y convierte a éste en un ser de amor. Osea, el amor y el hombre coexisten. Pero el amor es eterno, el hombre no. Un hombre puede enfermarse, cambiar de idea, de deseos, puede morir; en cambio el amor existirá por siempre, en unos menos que en otros.  De esta manera, consigo responder mi primera pregunta.

Sigo escuchándome…, la capacidad del ser humano de hacer perdurar el amor depende, entre otras cosas, de su voluntad. Y la voluntad está mediada por los deseos, y no existe deseo bueno o malo para una persona, existe sólo el deseo. De la voluntad se desprende un objetivo, meta o fin, sea cual sea requiere de un trabajo emocional y motivacional que sin duda es desgastante, hastiante y doloroso, y a la vez, excitante y gratificante. Dice Arjona que el amor está enfermo de hastío, se contagió de costumbre, tiene anemia de besos y por si fuera poco, tiene ganas de morir. De todo esto, no es el amor el sintomático, es el hombre el hastiado,  el ser de costumbre temeroso a la incertidumbre, es quien pierde el deseo, es él quien tiene ganas de acabar y de morir. Somos fuerza de vida y de muerte, amor y agresión, tenemos (como leí recién en una reflexión) dos lobos en el corazón: uno enojado, violento y vengador; el otro lleno de amor y compasión. Somos deseos en busca de placer, algunos vamos de vació en vacío buscando llenar el nuestro hasta que encontramos un lugar donde nuestros deseos conviven, crecen, se complementan y se re-construyen con los del otro; otros, pasamos la vida sin entender cómo es que no hemos podido encontrar ese lugar. Es que algunos no logramos entender que los demás también son seres de deseos y que su trabajo no es solo satisfacer los nuestros. Existen otros con quienes compartir, convivir, crecer, complementarse y reconstruirse. En una relación de amor, existen personas, existen voluntades y existe el tiempo de vida para tomar decisiones y aprender. Si una relación de amor se acaba, no es el amor el que muere, es el tiempo de vida que se acaba y se lleva a las personas, es la voluntad la que decrece, la tuya, la mía, o la de ambos.

Syne Mn.

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