Lo bueno se comparte

Y no estoy hablando del novio bacano, o de un helado de frozenberries! 

Es sobre un libro…

Leyendo sobre la ética, la moral y la libertad, me he tropezado con una y varias letras que impactaron mi subjetividad!.

Empiezo a revivir experiencias, a mirar en retrospectiva, y lo escrito, lo leido, me confirma que todo este tiempo he sido completamente libre. Lo digo, porque suelo decirle a la gente que me pregunta “¿y cómo es que tus padres ya te dejan salir a tal o cual lado?”: lo que pasa es que poco a poco me he ganado esa libertad. O también, suelo gritar desesperada: no veo la hora de irme y ser libre!!!!!

Y bien, resulta que siempre he sido libre. Desde pequeña he sido libre para decir “yo fui” o “yo no fui”, para cepillarme los dientes o no, para decidir si ir a la escuela o no – y eso, que muchas veces porque me dejaba el transporte o porque mi padre enojado decidía irse sin mí, pero al fin de cuentas, la que decidía si moverse o no era yo.  Y así he crecido libre como un pez, yo decido si un acontecimiento me hace sufrir más de lo necesario, y decidí si hacer aquello o hacer lo otro, decidí qué carambola estudiar, decidí montarme en ese aparato que ahora me deja marcas para siempre, decidí cortarme el cabello, decidí no ir al trabajo este fin de semana y ahora decido escribir esto. ¿Y quién me detiene?

Sin embargo, también he tenido que sobrellevar las consecuencias de la libertad, de la libertad que me ha permitido hacer cosas para llegar a vivir bien, y también de la que me ha permitido hacer cosas que me han hecho mal y desviado del camino (las cosas como son). Me refiero a la libertad bien empleada y la libertad mal empleada. Y esas consecuencias no han sido sólo las heridas, golpes y cicatrices…también está el remordimiento de haber empleado mal mi libertad, de haber metido la pata varias veces, literal! – el que ha sido testigo sabe de lo que hablo -, de haber mentido sopotocientas veces y en general, de haber hecho muchas otras cosas que sin saber han definido lo que soy. Pero pese a quién soy (y no me califico como mala o buena) sigo con el objetivo mental de querer una buena vida, sueño con muchas cosas, y con personas que ni siquiera sé como serán. Y sí, me he preguntado ¿será que lo que estoy haciendo me llevará a eso que quiero? – madre, te doy la razón cuando me gritas preocupada que si no me doy cuenta cómo estoy viviendo la vida-, y no te imaginas cuantas veces me lo he preguntado, y esa pregunta aún sigue sin responderse, o más bien, sigo sin respondermela. ¿La razón?, aún no se, o quizá si. Ahora explico qué maraña tengo en la mente, resulta que estoy entre un posible capricho y algo que muy posiblemente quiero. Es decir, entre el dinero y una fijación vocacional y la experiencia en sí, como producto de varios años de estudio, esfuerzo, trasnochadas y sacrificios.

El hecho es que la libertad no es una cosa que nos tienen nuestros padres amarrada y escondida, ya sabes: quiero mi libertad!! tú no me dejas ser libre!!. Y aquí lo dejo porque sigo con la maraña y falta mucho por leer.

De Ética para Amador (Savater)

De Ética para Amador (Savater)

Syne Mn.

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