Una historia personal

Hoy es una de esas noches en las que el corazón palpita rápido y no deja dormir. El post de hoy llevó escribiéndolo un par de días, dándole forma y sentido, pero definitivamente las ideas en mi mente gritan mucho y poco se les entiende. Aún así el eje central de éste es contar una historia que llevaba un par de años sobre mi espalda y ya en ultimas me estaba quitando cosas importantes.

Pero antes de nada, hay que hablar sobre lo que pasó antes de decidir contar la historia:

.*.  “No eres culpable, eres responsable” .*.

Lo puesto en comillas fue lo más reparador que me han dicho en mucho tiempo. Muchas veces el orgullo no nos permite reconocer que no existe persona más responsable de nuestra felicidad, tristeza o dolor que nosotros mismos. Nos pasan cosas: amamos personas durante algún tiempo que quizá no están en el momento justo para correspondernos con el mismo amor o con mucha más entrega; no conseguimos un trabajo por mucho que lo busquemos porque quizá la empresa necesita alguien con conocimientos específicos o una experiencia determinada; nuestros objetivos se obstaculizan o suceden eventos inesperados que quizá no sean tan negativos como parecen y al final representan nuevas oportunidades. Como dije, nos pasan cosas. La vida es así: causa – efectos.

Hace varias semanas me interesé en un libro de Paulo Choelo que se titula el Zahir, eso fue por que vi en las redes un screenshot de una de las páginas del libro en el que se narra la conversación de dos amantes. Él le expresa a ella su preocupación porque no le ha reclamado ni preguntando nada sobre su llegada tarde a casa, ella le ha dado respuesta razonable mientras lo invita a recordarse a sí mismo que él es un hombre libre.

Esa palabra –libre– hizo que me cuestionara como casi siempre acerca de la libertad. ¿Que es en realidad ser libre? ¿Alguien puede responderme por favor?

En la adolescencia existe la tendencia a considerar la libertad como sinónimo de “hacer lo que se nos da la gana” y como no es eso lo que nuestros padres consideran que es, entonces decidimos que ellos están en contra nuestra y que no somos libres, sino que estamos presos. En la adultez es posible que consideremos la libertad como un comodín que debemos usar según la necesidad de cada momento, en aquellos de los que dependan muchos de los eventos futuros. Aparentemente dejamos de correr riesgos y nos cohibimos de usar la libertad tan libres como deberíamos.

Conforme pasan los años parece que el trabajo, las obligaciones económicas, la pareja, los hijos, las enfermedades que vienen con la vejez, nos quita la libertad de hacer ¡lo que realmente queremos hacer! Nos sentimos agobiados y muy cansados de los trotes de cada día y nos quedamos suspendidos en el tiempo, haciendo las mismas cosas sin tomar mayores riesgos. Creo que en ese momento debemos detenernos, dar un paso atrás y continuar por un nuevo camino.

En la vejez ya avanzada (80 o los 90), sin mucha suerte comienzas a depender más de los hijos o de cuidadores y terminas de perder tu libertad, la cual para los ancianos parece significar “andar por donde yo quiera” “tomar mis propias decisiones” “comer la comida que me gusta” “comprarme lo que yo quiera, no lo que quieran regalarme” “vestirme solo(a)” “dedicar mis horas haciendo algo que me haga sentir útil”.

He pensado muchas veces que ser anciano es como volver a ser niño, sólo que de niño el dolor rápidamente se convierte en risas y saltos de un lado a otro, pero de ancianos el dolor incrementa con el tiempo y con la mente, porque eres más consciente de la muerte y llevas sobre tu espalda el peso de una historia, historias diversas: unas más tristes, unas más sorprendentes, unas más tranquilas, otras más caóticas. Cometemos el error de ir contando los años de vida y pensar dos cosas: cuántos años han pasado y cuántos años me quedan.

Identity Freedom Concept

.*. ¿Que tal si mejor nos dijéramos “tengo veintitantos y lo que voy a hacer este año es celebrar la vida”?  .*.

Siento que me desvío del tema pero caigo en cuenta de que, en parte, de eso se trata la libertad: pensar en muchas ideas y ser capaz de valorarlas, no importa si te vas por una o no.

No contemos más, por lo menos no en números. La casualidad que me llevó a la causalidad de pensar en la libertad me transmitió un mensaje sencillo: vamos a contar nuestra historia personal para descargar el peso del pasado y continuar caminando livianos, construyendo una nueva historia. Así como escribir nos induce a revisar antes de publicar, contar nos induce a detectar esos momentos (que se vuelven inconscientes) en los que nuestra historia se fracturó y nos convirtió en seres cargando una lastra a veces interminable de decisiones con malos resultados.

.*. “Vamos a contar, no los años en números sino los años de historia” .*.

Hablar es terapéutico como escribir, pintar, cantar, hacer deporte o tocar un instrumento podría serlo. La propuesta es contar una historia, yo te cuento la mía:

»Dos personas se conocen y se miran uno al otro intercambiando miradas y sonrisas. Él se ve amable, servicial, carismático, mayor y a ella le gusta su risa y sus ojos. Cuando hablan por primera vez se dan cuenta que deben seguir hablándose hasta que él la besa mientras comparten una comida juntos. Fue un beso que permaneció latente durante un año quizá menos, con un par de salidas escapadas que ocultaban una atracción que la mente de ella presentía peligrosa, pero que el cuerpo deseaba. Ellos dejaron de hablar pero se escribían hasta que se reencontraron luego de un tiempo. Él demostró deseos de besarla y de no estar dispuesto a recibir solo una sonrisa, ella accedió a corresponderle los besos y allí comenzó todo. Normalmente con todo se refiere a muchos eventos que considera desagradables y dolorosos, de los que piensa como víctima y no como responsable.

»Estos eventos – acabo de tener un déjà vu– están relacionados con otras mujeres misteriosas de la vida de él que se volvieron fantasmas al rededor y obsesiones para ella; con palabras en momentos inoportunos que se convirtieron en flechas encendidas con fuego y atravesaron el autoestima de ella; con actos impulsivos llenos de venganza y con sabor a “yo hago lo que se me da la gana” que ella emprendió contra él, sin saber que el daño se lo hacia a ella misma; con besos que él confesó haber estado a punto de darle a otras pero que no hizo por respeto a la relación; con un adiós escuálido y falto de emoción para él y doloroso para mí;  eventos relacionados con la libertad de dos seres que la concebían de modo opuesto y conflictivo. Ella quería poseerlo y luego curarlo, él quería ser de él mismo.

»La autoestima de ella cayó al pozo de agua sucia más profundo y lo culpó a él al mismo tiempo que se culpaba así misma. Él jamas se doblegó porque es más fuerte y débil a la vez ella lo llamó cobarde porque a veces las personas se comportan de esa manera, sin duda. Pero los eventos sucedidos en esta relación de dos, efectivamente tienen responsables más no culpables: él y ella.

»A veces lo que queda latente no es peligroso en el momento, pero cuando interacciona con otros sucesos explota en la cara así como explotó un romance de dos seres que simplemente se encontraron con un otro incompatible, distinto, particular. Hay palabras que aún rondan por la mente de la mujer, palabras que se quedaron suspendidas en el aire y aún lucha con ellas porque se multiplicaron para causar daño en todas las esferas de su vida, a corto y largo plazo.

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.*. “No más viajes al pasado que reviven el dolor, porque allí ya no debería existir” .*.

Hoy he decido escribir esta historia y no sólo escribirla sino compartirla pues en eso consiste el método, pretende liberarme de una pequeña porción de mi historia personal para viajar más liviana en adelante. Espero que si alguno lee esto por ahí así sin querer queriendo, decida contar su pesada historia. Te vas dando cuenta que pesas menos y de paso te sorprendes de que existen personas con historias similares.

La única fuente inagotable de sentires es y debe ser siempre la felicidad, no la tristeza. Hace un par de semanas entendí el punto de ser libre y entiendo que esto es un proceso de lucha interior y si eres de las personas que les gusta discutir hasta con una sombra el proceso entonces es más lento y hasta requiera apoyo vital adicional.

Vital de vida (puede ser otro humano, un avistamiento de aves, la vista de un atardecer o un amanecer, el reencuentro con tu propio cuerpo). En general este apoyo vital que te ayudaría a esclarecer el tema de tu libertad puede ser cualquier espectro de la naturaleza que nos ponga en contacto con dos sensaciones importantes en el proceso: la inocencia, esa capacidad de sorprenderte de lo que para otros es común y para ti es desconocido; y la autoestima, la cual se refiere al amor propio, a la aceptación y valoración positiva de nuestras fortalezas y debilidades susceptibles de mejoría.

“La autoestima que define nuestras respuestas durante toda la vida, define quienes somos y como nos ven los demás, y la inocencia que nos permite mantener contacto con nuestro niño interior, el niño que es libre desde que nace y aunque no sabe qué implicaciones tiene, la usa sin límites”.

Sin más,

Syne Mn.

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